De la vergüenza al espectáculo: la evolución de los testigos ovni y el mercado de la desinformación
Imagenabc.es Por Juan Palma S Hubo un tiempo en que contar un avistamiento ovni en público era sinónimo de suicidio social. Si alguien confesaba haber visto luces extrañas en el cielo o, peor aún, haber tenido un encuentro cercano, el veredicto popular era rápido e implacable: loco, delirante o víctima de alguna broma producto de un padecimiento psicológico. La posibilidad de que realmente hubiese visto algo anormal ni siquiera se contemplaba. En aquellos días, la televisión era el último lugar al que un testigo quería exponerse, porque el precio de la fama era la burla y el desprestigio. Ilustración digital Hoy, las cosas han cambiado drásticamente. Lo que antes era motivo de vergüenza se ha convertido en una especie de condecoración paraufológica. El miedo a ser tildado de "trastornado" ha desaparecido y, en su lugar, contar una experiencia ovni ya no solo es aceptado, sino que genera seguidores, entrevistas e incluso oportunidades comerciales. Esta transformación ha ...